miércoles, 6 de abril de 2016

Taller de risoterapia en el IES Montserrat Roig de Terrassa

 El 10 de marzo participé en las Jornadas de Empresa que celebran cada año, en el IES Montserrat Roig, dinamizando un taller de risoterapia para unos 25 alumnos de Ciclos formativos relacionados con educación infantil. 





Fue una experiencia muy gratificante este trabajo, por varios motivos. 

El primero es que trabajar en un centro docente desde lo corporal y lo lúdico es algo que creo es fundamental, no sólo como aprendizaje para los alumnos de algunas dinámicas que luego pueden aplicar a su actividad profesional, sino como aprendizaje para su propia vida. En un taller de estas características te enfrentas a una serie de situaciones en las que tienes dos opciones, sumergirte o sortearlas sin mojarte demasiado. En función de lo que elijes en cada momento vas a obtener una información muy valiosa sobre ti y sobre cómo experimentas cada situación, la emoción que te provoca y cómo transitas por ella. Durante el taller el objetivo es desconectar la parte racional de nuestro cerebro, en la medida de lo posible, y funcionar con la parte derecha, que es la de la creatividad, la espontaneidad, la del dejarse sentir, la parte emocional.
Es cuando acaba el taller que puedes poner palabras y razón a lo que has experimentado y extraer esa información de lo que te ha pasado, como lo has vivido y ver qué paralelismos hay con tu vida cotidiana.

La segunda razón es que cuando dejé mi trabajo de contable y de administración en un despacho en el que estuve casi veinte años, lo hice con la intención de dedicarme a comunicar desde la escritura y desde la docencia. Creo que es importante abrir caminos dentro del mundo educativo, en el que defiendo la necesidad de  introducir en los curriculums trabajos de educación emocional desde lo corporal, atendiendo a lo relacional desde la experiencia del momento presente. Es a través de lo experiencial, lo lúdico y lo corporal que los alumnos entran en un modo de aprendizaje distinto al habitual que es escuchar la clase que el profesor imparte.

En las aulas es importante el aprendizaje de las materias clásicas para saber entender textos , escribirlos para comunicar, para saber resolver problemas, conocer lo que ha pasado en la historia y cómo funciona la biología, la física o la química, y conocer el apasionante mundo de las eternas preguntas que se formula la humanidad, a través de la asignatura de filosofía.
Y no es menos importante el aprendizaje más allá de lo mental, y que tiene en cuenta que además de mente tenemos un cuerpo que nos sostiene y sentimos emociones cuando entramos en relación, y cuando no lo hacemos, que también es un modo de relacionarse.
Y esto queda cojo en los sistemas educativos actuales. Hemos de empezar a tener en cuenta con urgencia que formamos personas y debemos tomarlas como un ser integral, formado por mente, cuerpo y emociones. Es desequilibrado sólo proveerles de datos desde lo racional y lo mental sin permitirles un desarrollo en el propio autoconocimiento de lo que son como totalidad.
Es a través de materias que pongan atención a lo corporal y a lo emocional que la persona puede contactar con su ser más esencial y llegar a conocer qué le hace vibrar, qué le asusta, qué le alegra, qué le entristece y construir maneras de sostener cada situación en la que vaya entrando en contacto a lo largo de la vida.  
Aprender a parar, y a poner palabras a lo que se siente, y a situarlo en una zona del cuerpo, permite ampliar recursos para la vida diaria . Todo esto se trabaja en los talleres de crecimiento personal a través del movimiento, la música, la risa, la meditación. 

Aunque cualquier persona puede aprender con independencia de su edad, me parece que ya va siendo hora que en colegios de primaria y secundaria se vayan introduciendo cursos de estas materias. Nuestra juventud crecería con una conciencia más plena de lo que es y significa ser persona y aumentarían sus propios recursos.

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